Veía a Max, tan bello e imponente, al pie de las escaleras de su lujoso hogar.
Christian cerró su puerta y el sonido fue tan fuerte que no pude evitar saltar del susto.
—¿Estás bien, mi amor? —Preguntó asustado. —Es la puerta, tranquila, es que estás un poco borracha todavía, pero calma, todo estará bien. —sonrió y besó mi mejilla.
Asentí, tranquilizando mi respiración. Miré de nuevo y él seguía ahí, es como si esperara que algo cambiara, pero ambos sabemos que no sucederá. Christian arrancó