Mundo de ficçãoIniciar sessãoAlondra acababa de subir a su habitación después de escuchar de boca del teniente Arnulfo, que ya no había que temer. Con sentimientos encontrados se sentó sobre su cama, recargando su cabeza sobre la cabecera, liberó un par de lágrimas que tenía contenidas.
—Nunca se podrá borrar el daño que causaste, Juanjo. Ni con tu muerte. —Tomó un pañuelo desechable de la mesa de noche, para limpiar su rostro.
Álvaro ingresó a la habitación, la observó que e
Les dejo un capítulo más, preparándonos, para dar el cierre.







