Jack
No desaparecí.
Y eso, en alguien como yo, ya cuenta como una decisión.
Después de dejar a Clary en la galería norte, con la frente todavía recordando el breve roce contra la mía y la mano vacía de pronto, subí al despacho con la intención de encerrarme ahí hasta la noche. Tenía informes sin revisar, llamadas de Matías que devolver y una carpeta nueva de Rowan con nombres que no me gustaban nada. Tenía, en resumen, todas las excusas posibles para volver a ser el hombre correcto: el que prio