Cornelius
Ronan avanzó con paso firme por el corredor de piedra que conducía al salón de audiencias del castillo lycan escoltado por cuatro guardias, su capa ondeando a su espalda como una sombra viviente. El aroma de la tierra húmeda y la madera quemada impregnaba el aire, un recordatorio constante de que estaba en territorio de lobos. Al acercarse a la enorme puerta de madera con grabados de lobos, dos guardias se interpusieron en su camino, sus ojos brillantes destellando con desconfianza ba