Mundo ficciónIniciar sesiónAmy
Se inclina hacia mí, apoya ambos codos a la mesa y me llama con esos enormes dedos que parecen nunca contenerse para acariciarme. Y, como si yo fuera un ente sin voluntad, obedezco y también me inclino quedando a pocos centímetros de esos demandantes labios que me hacen gemir con un simple roce.
—¿Recuerdas la primera vez que pasamos nuestros cumpleaños juntos? —pregunta, sus dedos acarician mi mentón y s







