Carmine sonrió, divertida, mientras Giacomo le cubría los ojos con una venda. No entendía a qué se debía tanto misterio, pero Giacomo se veía demasiado entusiasmado, así que decidió dejarse contagiar por su emoción y seguirle el juego.
—¿Es realmente todo esto necesario? —preguntó.
—Sí —replicó Giacomo, de inmediato—. ¿Puedes ver algo?
—No.
—¿Segura?
—Muy segura. Ahora, más vale que te des prisa antes de que me aburra. Sabes que no he sido la persona más paciente en las últimas semanas.
Giacom