Giacomo detuvo su auto frente a la casa de los padres Carmine y miró la imponente construcción a través del parabrisas.
—¿Aún estás seguro de que quieres hacer esto? —preguntó Carmine.
Giró la cabeza para mirarla y se dio cuenta que ella estaba tensa.
—Sí. —Tomó la mano de Carmine y le dio un suave apretón, tratando de reconfortarla—. Descuida, no voy a cambiar de opinión de un momento a otro. No pienso dejarte sola en esto. Procura relajarte un poco; no creo que al bebé le haga bien tanto estré