[DANE]
Al día siguiente
Nuestra cena, envuelta en conversaciones sobre el día laboral de ambos y mis planes para abrir la firma de arquitectura, continuó en su departamento. Todo fluyó con una naturalidad que aún me sorprende. Un helado compartido terminó convirtiéndose en una maratón de capítulos de una serie a la que, sin darnos cuenta, ya nos hemos vuelto adictos. No hubo prisa, ni relojes, ni interrupciones. Solo esa sensación extraña y perfecta de que el tiempo se detenía cuando estábamos juntos.
De ahí pasamos a besos que se transformaron en algo más, hasta el punto de que me quedé a “dormir” en su casa. Algo que, últimamente, se nos está volviendo inevitable. No porque lo planeemos, sino porque simplemente ocurre.
Anoche no quise arruinar nuestra velada contándole lo que sucedió con Ainhoa. Sé que tarde o temprano tendremos que hablarlo, pero sentía que ese momento no merecía sombras. Keira estaba tranquila, relajada, feliz… y yo no quería ser quien rompiera esa burbuja que tan