[KEIRA]
Me tiemblan las manos cuando abro la puerta de la habitación donde se encuentra Sara. No saber con qué me voy a encontrar al entrar me pone terriblemente nerviosa. Cruzo el umbral, cierro la puerta detrás de mí y, al fijar la mirada en ella, comprendo de inmediato lo devastada que está. Su cuerpo se ve frágil, agotado, como si en tan poco tiempo hubiera envejecido años.
—¡Kei! —exclama entre lágrimas, y ese sonido me atraviesa el pecho.
—Aquí estoy, hermanita —le digo, acercándome con r