Capítulo 66. Dueña de su destino.
El restaurante era un lugar elegante, de techos altos y música suave que contrastaba con el estruendo que Amanda sentía en su pecho.
Ya sentadas a la mesa, con tres copas de vino frente a ellas, el mundo pareció detenerse en un segundo.
Amanda miraba el borde de su copa, pero en su cabeza las dudas no dejaban de dar vueltas.
No podía mentirse a sí misma: la complicidad y esa química sexual que compartía con Víctor Grimaldi era formidable y brutal.
Había una conexión en la cama que la hacía olv