Por más que lo moví, no pude hacer nada. El temor de perder a Zahid me llenó de un sentimiento nada agradable.
—¡No, no te puedes congelar ante el temor! —Tomé mi celular y marqué a emergencias—. ¡Necesito ayuda!
Los paramédicos llegaron luego de algunos minutos y se llevaron a Zahid. Me subí en la ambulancia junto con él y nadie me detuvo.
—Zahid, por favor resiste —miré que los paramédicos lo atendían—. Si algo te sucede por mi culpa, me voy a reprochar toda mi vida. Quiero ser capaz de prote