Kenna se levantó y acarició el pene de Zahid que la miraba totalmente sorprendido por la actitud de esta mujer.
—También este amigo tiene que recargar baterías. Pero de esta habitación no vas a salir pronto.
Y fue tal como Kenna lo había dicho, ella se encerró por completo en el cuarto de Zahid. No hubo un solo rincón que no conociera la pasión de estos dos, desde el baño hasta incluso la ventana que daba a la otra casa.
—Cariño, creo que es suficiente —él gruñó y miró a Kenna —demonios…
Kenna