26: Infragantis

Zahid pasó la punta de su lengua en mi cuello y toda mi piel se erizó, me aparté rápidamente y terminé por caer de culo.

—¡¿Qué haces?! —sostuve mi cuello y sentí su saliva en esta zona —¡No hagas eso! Me da vergüenza.

—Lo sé, por eso es que me encanta hacerlo.

La sonrisa de Zahid era socarrona, pude ver que en su frente se deslizaba una gota de sudor que perlaba su piel. Verlo agitado era una especie de hipnotismo, quería apartar la mirada, en serio que sí; pero era imposible e inútil cualquie
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