El maquillaje y la faja estaban actuando a la perfección, o al menos esa fue la idea de Valeria, que pasó frente a la recepción del edificio como siempre lo hacía, entró al ascensor sin que ningún hombre o mujer se girasen a mirarla, caminó por el corredor de los cubículos sin que ninguno de los jóvenes asistentes se distrajera de sus tareas e incluso Jaime la saludó como solía hacerlo, prometiéndole que estaría en la estación de café en una hora, en donde la esperaba para hablar. Incluso Horte