Del golpe recibido en la cabeza, a Valeria solo se le veía un pequeño rasguño en la frente, que en menos de dos días ya habría desaparecido.
—No te voy a mentir —dijo Jaime, después de haber examinado la pequeña marca—, pero en la oficina todos han estado hablando de eso y no del golpe, precisamente.
Valeria no tuvo que hacer un gran esfuerzo para adivinar que, más que su contusión, el tema era la manera en que había vomitado el costoso traje de su jefe.
—Aunque quien lo mencione, debe cuidars