Regresar al trabajo no fue sencillo para Valeria, no solo porque presentía que iba a ser objeto de todas las miradas, que no solo se estarían preguntando por las consecuencias de haber arruinado el traje de uno de los jefes de área, sino también porque estarían esperando a la menor oportunidad para recordárselo y, como si estuvieran de vuelta en el colegio, hacerle burla con eso. Cuando las puertas del ascensor se abrieron en el piso setenta, Valeria respiró profundo y, con los labios apretados