La música clásica de fondo aunada a la luz de las velas en aquella elegante terraza que tenia una maravillosa y sumamente privilegiada vista hacia las montañas, hacían que aquel ambiente se sintiera cargado de romance.
Un camino de pétalos de rosas rojas, conducía desde las escaleras hasta aquel espacio privado en aquel sitio de alcurnia, en cuyo centro podría apreciarse una elegante mesa para dos, vestida largos mantenles rojos, sobra la cual se hallaban dos copas, una apetecible entrada y una