Aquella mañana no comenzaba como muchas otras. El cielo fuera de la ventana de esa recamara que no era la suya, se notaba tan gris como sus ánimos estaban en esos momentos.
Mirando a su costado, Adara pudo ver como Noah se hallaba durmiendo casi como un bebé. Completamente entregado a los brazos de Morfeo, mientras ella sentía su alma tan resquebrajada como el cristal de una copa que se había roto sobre el suelo.
Levantándose de la cama en donde, de manera fría y casi sin moverse, había permiti