El manto nocturno había caído ya enteramente sobre la ciudad. La luna llena, completamente brillante y tan parecida a la plata, se asomaba ocasionalmente entre las pocas nubes que lograban cubrirla. El brillo de las estrellas decoraba el cielo nocturno, dejando ver la belleza del universo que lograba apreciarse desde la tierra firme. Adara, sin embargo, no lograba admirar nada de ello, pues toda su atención se concentraba en ese hombre que estaba sentado cerca de ella, mientras miraban ambos ju