Los gemidos entre cortados se escuchaban en toda aquella habitación, aquel hombre estaba hambriento. Parecía molesto, estaba desesperado, sin embargo, no le preguntaría porque sencillamente no le interesaba. El sexo violento siempre era mucho mas placentero, porque no había amor, no había ninguna promesa o sentimiento ridículo, tan solo la pasión y deseo mas desenfrenados que daban paso a los meros instintos naturales.
A Omara no le gustaba la vida demasiado complicada, por ello era que jamás s