POV MIA
Esa mañana, me levanté con una ligera sensación de tranquilidad. El día estaba despejado, y la luz del sol entraba por las enormes ventanas de la casa, bañando todo con un cálido resplandor. Después de desayunar en silencio con la madre de Sebastiano, quien, para mi sorpresa, no había hecho ningún comentario mordaz, me dirigí a la sala con un libro que había comenzado hacía semanas, pero que no había tenido tiempo de terminar.
La llegada de las empleadas de servicio trajo consigo una en