CAPÍTULO 50

POV MIA

Caminamos por los amplios pasillos de la villa hasta llegar a nuestra habitación. Sebastiano abrió la puerta y dejó que pasara primero. Su mano en mi espalda era un recordatorio constante de su presencia, pero también de la tensión que cargaba desde la cena.

Al entrar, me senté en el borde de la cama mientras él cerraba la puerta detrás de nosotros. No se movió de inmediato. Sebastiano se quedó de pie con la mirada fija en el suelo, como si intentara procesar algo. Esa actitud distante
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