CAPÍTULO 4

Había estado sentada todo el día, sin apenas moverme, con la excepción de cuando me levantaba brevemente del mueble para recibir las condolencias de aquellos que llegaban a lamentar la muerte de mi "esposo". Manteniendo el rostro decaído, las lágrimas caían de vez en cuando por mis mejillas, como si mi dolor fuera inconsolable. Todos creían que lloraba por él, por Sebastiano, pero la realidad era mucho más oscura. Estaba aterrada, cada segundo que pasaba sentía que todo lo que había construido
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