Me levanté alrededor de las ocho o nueve de la mañana, no lo sabía con certeza, pero jamás me había despertado tan tarde. Lo atribuí al agotamiento mental del día anterior, a la presión constante de medir cada palabra que decía y cada gesto que hacía. Ser cautelosa todo el tiempo, era agotador en un nivel que jamás había experimentado. La tensión con Alessandra, las miradas asesinas de los hombres y el desprecio palpable de las mujeres, todo me había drenado.
Después del encuentro con Alessandr