POV MIA
Llevaba cinco horas esperando, cada segundo estirándose como un tormento eterno. Mis piernas dolían de tanto caminar de un lado a otro, y mi mente no podía dejar de conjurar escenarios horribles. Quería creer que todo estaba bien, que la cirugía había sido un éxito, pero algo no cuadraba. Una sensación incómoda se había asentado en mi pecho desde que llegué, y no lograba ignorarla.
Entonces, como una bendición caída del cielo, una enfermera se acercó.
—¿Es usted la señora Lombardi? —pre