—Mi niña... no entiendo qué está pasando. ¿Cómo conseguiste el dinero para internarme?
El peso de su pregunta cayó sobre mí como una losa. Me acerqué lentamente, entrelazando nuestras manos, obligándome a mantener una sonrisa que se sentía rota, mientras mi corazón latía frenéticamente.
Ese hombre, que aún no me había dicho su nombre, había pagado por una atención exclusiva en uno de los hospitales más caros de California. Mi madre estaría internada por un tiempo, recibiendo su diálisis y estab