26. Un milagro
Judith López
Bajo mi rostro evitando que pueda besarme, no es que no quiera o que mi corazón no lo este pidiendo a gritos desesperado, es sólo que me he hecho una promesa a la cuál debo ser fiel.
Él me entiende con la mirada.
—Vamos a la fiscalía tengo un amigo que puede ayudarnos, entre más pronto actuemos tus hermanos estarán seguros.
Asiento.
El trayecto a la fiscalía se torna en un silencio incomodo que lleno con pensamientos sobre mis hermanos, sobre mi hijo y mi madre, no quiero que mis h