27. Aún no lo creo
No lo creo, sigo abrazando a mi pequeño. Me aferró a su cuerpecito con mis brazos. Siento que me mira asustado, esa es la única razón por la que logro apartarme un poco. Me pongo de pie, aprieto mis dientes y puños al dirigir mi vista a Adrián.
—Eres un maldito —digo en voz baja para que sólo él me pueda escuchar —como se atrevieron a llevarse a mi hijo sin mi consentimiento, ¿sabes todo lo que he sufrido?
Mis lagrimas corren de nuevo pero esta vez de coraje.
—No fui yo, fueron mis padres, ¿pod