Capítulo 27. Una oleada de sensaciones.
Valentina exhaló pesadamente una vez más.
—Bien, guíame, como sabes, siempre me pierdo— rezongó, colocando una bata de seda sobre su pijama corto.
Valentina fue guiada por un pasillo que ya conocía, y su curiosidad aumentaba con cada paso.
—Adelante—le indicó la sirvienta, extendiendo su brazo derecho en señal muda para que entrara.
—¡Espera! ¿No vendrás conmigo? ¿Por qué siento como si me enviaras a un matadero?— murmuró, viendo cómo la empleada se marchaba.
Luego se enfocó en la pue