Veintiuno

XXI. Nuestras sendas.

La situación era por lo mínimo extraña. Más que eso, era incómodo y todos los presentes lo sabían, sólo que algunos lograron sobreponerse, como Nilah, que se acercó a su amigo en un ambiente de secreteo.

—¿Quién desapareció?

—Una de las lobitas más pequeñas, no recuerdo su nombre, pero no debe tener más de cuatro años —informó Darío recordando a la pequeña. Allí

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