Capítulo 17: Verdades dolorosas.
Gianfranco Salvatore se sentía ansioso, las manos le sudaban, y el reloj de pared marcaba los segundos con un tic-tac que martillaba su cerebro, con cada segundo que pasaba sentado en esa sala, esperando a Alessandro Cassiano; solo aumentaba la tensión que emanaba de él.
No estaba seguro de con que se iba a encontrar, desconocía el motivo real por el que el muchacho lo había citado con tanta urgencia, pero algo en el fondo de su ser gritaba que nada bueno estaba por venir.
¿Por qué de pronto se