Aprovechando estas cinco horas de libertad, Liya había podido descubrir los excepcionales jardines del palacio. Hassan no había mentido. A pesar del calor sofocante y esta sensación de sequedad, había podido descubrir tesoros invaluables. Libro en mano, tomó el único corredor que conocía y se sintió atraída por las voces masculinas. Ajena al idioma que hablaban, Liya se aventuró a mirar por la puerta abierta. Un escalofrío le recorrió la espalda cuando reconoció la voz cruel del sheikh
Su cálid