Liya contuvo la respiración, su corazón latía con fuerza mientras intentaba liberarse. En vano, su agarre fue demasiado fuerte... su gran mano firme y viril rodeó su muñeca, tenía una mirada severa como si su lucha por retroceder le disgustara fuertemente. A pesar del miedo, Liya sintió que la agitación crecía en su interior. Un calor intempestivo la hizo sonrojar con vergüenza y miedo mezclados. Estaba tan cerca de él que podía oler su aroma almizclado subiendo a su nariz.
- Su Majestad, yo...