Liya se puso de costado por enésima vez. Devastada por los remordimientos, no podía dormir. Se sintió avergonzada de haber podido ser tan odiosa con el sheikh. En realidad, Liya tuvo la impresión de que ya no se reconocía a sí misma. Ya no era la misma, su miedo constante la volvía loca e incapaz de tomar una decisión coherente. Cada momento que pasaba con el sheikh la volvía vulnerable, demasiado tensa... incapaz de pensar sin temor a decir o hacer algunas cosas que pudieran molestarlo.
¡Peor