No tomó más de unos minutos para que la joven se debilitara y cayera en un sueño profundo. Con mucha cautela, Zhayar deslizó su mano sobre el colchón hacia la joven y cuando chocó contra su cadera, alcanzó delicadamente el libro para quitárselo. Lo cerró suavemente y lo puso en el suelo, escuchando la respiración tranquila de la joven. ¿Dónde estaba y en qué posición? ¿Tenía frío?
Todas estas preguntas le recordaron dolorosamente que estaba sujeto a la oscuridad y permanecería así para siempre.