Sara abrió los ojos, hacia un día excelente, con un sol resplandeciente, su hijo sonreía con su abuela en uno de los muebles, siguió su camino para llevarle el jugo a su amiga, la cual trataba de concentrarse en su libro sobre culinaria, pero le era imposible con Joseph estando con el dorso desnudo en su balcón, sabiendo lo que causaba en Keyla. Algo que divirtió a Sara, porque su oído no era más que la forma de esconder lo que pasaba.
__ Si no quisieras verlo, girarías la silla y no estuviera