Desde que Sara abrió los ojos intentó mover los brazos, dándose cuenta de las sogas que la tenían aprisionada.
Se sacudió, notando que dicha cuerda estaba alrededor de su cuerpo como una pitón que estaba rompiendo sus huesos por ser tensadas de esa forma.
__ ¿Que cara...
__ Tranquila, fiera mía. - murmuró Abel viendo con detenimiento el cuerpo aprisionado de la chica que cada segundo veía más atractiva, encaprichado más con tenerla a su merced, para así darse el gusto de decir que todo lo que