En un lugar oculto se abre un viejo cerrojo y la mujer que pertenece allí levanta la cabeza para mirar al frente con aburrimiento.
—Vaya, hasta que te acuerdes que tienes a alguien aquí.
Dice ella con media sonrisa sarcástica y el hombre la mira sin decir nada.
—Vaya, y al parecer los años no han cambiado nada de tí… Sigues igual que antes.
Menciona él mientras se acerca a ella y toma su mentón entre sus dedos.
—No puedo decir lo mismo de tí… Si que has cambiado sabandija.
—La boca de una señor