ADELAIDA:
Mis ojos observan al hombre que le hace una reverencia a mi madre mientras le sonríe con suavidad mientras anoche hacia con mi cuerpo lo que se le venía en gana.
El muy maldito de Raizel me observa de reojo, pero lleva sus ojos a mi hermana que le sonríe mientras lo observa de arriba abajo.
De pronto las puertas son abiertas y mi padre entra con una sonrisa de oreja a oreja.
—Archiduque Raizel Norfolk, es un placer tenerlo en este humilde hogar.
La voz emocionada de mi padre no se hac