CAPÍTULO 47. SIEMPRE ESTARÉ AQUÍ
Jack tenía tantas cosas en la cabeza que fue muy complicado para él conciliar el sueño, dio varias vueltas en su confortable cama, hasta que bajó a la cocina y bebió un vaso con leche tibia, viejo consejo de su mamá, y luego regresó y volvió a acostarse, hasta que logró conciliar el sueño.
Justo cuando estaba en lo más profundo del sueño, el fuerte llanto de Matías, lo despertó. De inmediato salió de la calidez de sus cobijas, se colocó las pantuflas y se dirigió a su habitación, guiándose por