Russell estacionaba su auto en justo frente a esa avenida, cuando escuchó los gritos terribles, que lo atemorizaron, y observó a Danna, salió corriendo a alcanzarla, asustado, pero cuando vio a Victoria en el suelo, sintió que su sangre se fue a los pies, su corazón latió como condenado. Él solo venía a ver que sus hijos estaban bien, pero nunca esperó encontrar esto.
—¡Victoria! ¡Dios mío! ¿Qué fue lo que pasó? —exclamó casi en un grito desesperado.
—¡Es mi culpa, papi! ¡Yo la maté! —chilló D