Marina sintió que su corazón latía horrible.
—¡Dios mío! ¿Qué sucedió? ¡fue un accidente, Demetrius! Lo juro.
—Claro que sí, lo vi, calma.
Demetrius bajó tan rápido, miró a la mujer, tocó su cuello, sintió los latidos.
—¡Llama a una ambulancia! —dijo al ver a la empleada.
La mujer obedeció con rapidez.
Marina lloraba, estaba tan asustada.
—Tranquila, Marina, por favor, cálmate, todo estará bien —Demetrius la abrazó, solo le importaba su mujer, nada de lo que le pasará a Sylvia era importante par