Llegaron a la habitación, estaba oscura, las niñas seguían en la pijamada, debían recogerlos hasta mañana a las diez.
—Ni siquiera nos despedimos de nadie en el bar.
—¿Te preocupa tanto el señor Hesmer? Porque a mí me importa un rábano.
Ella rio de él.
—¿Por qué eres tan celoso? Cualquiera pensaría que el gran CEO Vicent debe ser seguro de sí mismo, con una lista enormes de mujeres a las que llamar, reemplazando a la anterior.
Él se acercó a ella, su mirada era limpia que la hizo sonreír
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