Leonor corrió lejos de ahí, debía ver a Marina, contarle todo.
Demetrius negó.
—¡Rose, no haría eso, ni por todo mi odio! Nunca lastimaré a dos niñas inocentes, ni causaré tal dolor a una madre, no me extraña de ti, no tienes lealtad, ni amor por nadie.
Demetrius se alejó de ella. La mujer le miró con rabia, todos sus intentos de reconquista eran vilmente frustrados.
Leonor entró en la habitación y Marina se levantó de la cama, aún estaba vestida, adormilada, pero no pudo cerrar los ojos en