Kevin corría tras las niñas, asustándolas, ellas luchaban por escapar, gritando por los pasillos desolados.
Dieron vuelta en un pasillo y vieron un carrito de aseo. Mady y Ady se pusieron ambas, en un extremo de cada pasillo.
—¡La cubeta con agua, Mady!
Ella asintió, la tomó, observó a Kevin ir por ellas.
—¡Malditas niñas, vengan aquí!
—¡Ahora, Mady!
Mady vertió el agua que había en la cubeta, sin saber que estaba repleta de jabón, el hombre siguió corriendo, y resbaló, volando casi por lo