Demetrius tenía un gesto rabioso, lo miraba con furia. El resto de los empleados y Marina se quedaron boquiabiertos ante tal reacción inesperada.
Los ojos de Marina estaban al borde del llanto, con un puño en su estómago que la hacía sentir culpable de la situación.
—¡¿Cómo se te ocurre querer golpear a una mujer en mi propia empresa?! —exclamó con una voz tan severa que parecía el bramido de una bestia.
—¡Ella me ha pegado primero!
Los ojos de Demetrius miraron a la mujer, pálida como una h