Amber Whyte.
El aire se quedó en silencio.
Se me heló la sangre.
Se me erizó el vello de todo el cuerpo.
Todo en mí se calmó: mi respiración, los latidos de mi corazón, las voces en mi cabeza, el palpitar de mi corazón.
Permanecí en la cama, paralizada por la conmoción. Los ojos se me salieron de las órbitas como si acabara de ver un fantasma.
Los labios se me entreabrieron como si estuviera en peligro.
La garganta se me secó.
El corazón me latía con fuerza, como tambores salvajes. Tan fuerte q