El sedán blindado cruzó las enormes rejas de hierro forjado de la mansión de Iker Moretti, una fortaleza de piedra y cristal oculta entre los bosques de las afueras de Milán. Durante el resto del trayecto, el silencio en la cabina trasera había sido denso, cargado de los vapores del sexo crudo y la dominación que acababan de consumir el espacio. Gabriella mantenía la frente apoyada contra la ventanilla fría, sintiendo el persistente latido de calor entre sus muslos. El vestido verde acanalado v