Se acercaron, sus rostros casi rozándose, y por un momento, Madison pensó que sus labios se encontrarían. La tensión era tan intensa que la distancia entre ellos parecía evaporarse.
Pero justo en ese momento, el abuelo Sterling, sin saber lo que ocurría entre los dos, levantó nuevamente el micrófono.
—¡Un aplauso para estos dos maravillosos jóvenes! —exclamó, rompiendo la magia del momento.
Los aplausos resonaron por todo el salón, y ambos se separaron rápidamente, tratando de disimular el ardo