El mundo se redujo a la nada. Sentía que el tiempo había dejado de correr mientras esa mirada clara y tan parecida a la mía me miraba fijamente, frunciendo el ceño y tratando de ver más allá de mí. Mi corazón latía muy fuerte y me era casi imposible articular palabra alguna. De repente había olvidado todo lo que había tenido en mente y que le diría en cuanto estuviéramos frente a frente. Todavía me resulta difícil de creer que tenga un hijo, fruto de ese amor tan intenso y único que viví con Vi